¿CUÁL
ES LA FUENTE DEL CONOCIMIENTO?
Para
responder al interrogante planteado es imprescindible abordar en primer lugar
el concepto de conocimiento y la existencia del mismo, para estudiar
posteriormente si es posible acceder a este a través de nuestras capacidades
intelectivas y finalmente definir el origen o la procedencia del conocimiento.
De esta forma, el artículo tiene como objetivo establecer una posición respecto
a la verdadera fuente del conocimiento humano.
En
este orden de ideas, la palabra “conocimiento” proviene del latín cognoscere y se define como un conjunto
de saberes susceptibles de ser aprehendidos, es decir, información que
proporciona la realidad o se infiere a través de un ejercicio metódico y que el
ser humano está en la posibilidad de adquirirlo. Sin embargo, hay otra acepción
de este término, que corresponde al acto o proceso por el cual la mente capta
un objeto o lo hace presente. En este sentido, se forma una representación que
expresa la realidad de dicho objeto. Por su parte, la pregunta
acerca de la existencia del conocimiento solo será contestada cuando hayamos
determinado si las partes que intervienen en este proceso interactivo ocupan un
lugar en el espacio. En otras palabras, la única manera de resolver este enigma
es probar que el sujeto y el objeto, como elementos fundamentales durante el
acto de conocer, están presentes en la realidad. La primera etapa fue
finiquitada por René Descartes cuando esbozó la expresión cogito, ergo sum, esto es, “pienso luego existo”. Por medio de esta
frase, Descartes concluyó que el hecho de que el ser humano pensara y se
preguntara por los problemas que lo rodeaban era suficiente para demostrar la
existencia del sujeto cognoscente. En cuanto al segundo estadio, el del objeto,
se han formado variados debates, no obstante, hay dos posturas de vital
importancia: la de Kant, que en “crítica de la razón pura” considera que el
objeto es una construcción del sujeto a partir de la experiencia posible; la de
Marx y Hegel, quienes parten del monopolio del objeto durante la relación
cognoscitiva con el sujeto, apodando esta dinámica como materialismo histórico
o dialéctico.
Queda
así aclarado la existencia del sujeto y el objeto, siendo necesario ahora
establecer si la interacción entre estos tiene lugar o no. Son tres las
hipótesis o conjeturas referente a la posibilidad del conocimiento.
Inicialmente, hallamos el dogmatismo, corriente que presume, sin protesta
alguna, la facultad del hombre para hacer contacto con la realidad. No se
cuestiona la relación entre el sujeto y el objeto, llegando al punto de
asegurar que nuestra percepción del mundo exterior comparte identidad con las
características del mismo. Posición asumida por los pensadores presocráticos.
Con ulterioridad, atisbamos en el tiempo un fuerte movimiento escéptico que
propugnaba por la imposibilidad del sujeto para aprehender fidedignamente las
cualidades del objeto. La mente humana solo recreaba una ilusión debido a las
incapacidades físicas del hombre y la naturaleza compleja de la materia. El
escepticismo se presenta en varias modalidades, tales como subjetivismo, que
abogaba por una verdad con validez limitada dependiente de la esfera personal
del sujeto, y el relativismo, que en términos similares defendió el concepto de
verdad limitada, pero a partir de factores externos que impedían la aprehensión
de la realidad. Por último, está la teoría del criticismo, abanderada por
filósofos idealistas como Kant y Descartes, quienes aseguraban que sí es posible
alcanzar el conocimiento, no obstante, resulta imprescindible utilizar un
método de razonamiento para depurar prejuicios, vulgarismos y demás óbices que
vedan al ser humano de obtener una percepción real de las cosas. Se propone
entonces, tomar un estado crítico durante el proceso de aprendizaje sin
incurrir en una confianza ingenua en aseveraciones infundadas, por el
contrario, mantener la duda en todo momento, examinando los datos sin admitir
algo despreocupadamente. Se considera el criticismo como la superación de la
polémica entre el dogmatismo y el escepticismo.
Ahora
bien, respecto a la fuente del conocimiento se han postulado distintas teorías
que pretenden dar solución al origen del epísteme.
Por consiguiente, describiré las tres tesis que han sido las imperantes en la
filosofía en aras de escoger una postura que satisfaga el objetivo del
artículo. En primer lugar, encontramos el racionalismo de René Descartes, posteriormente,
el empirismo de John Locke y finalmente el apriorismo adoptado por Kant. Del
mismo modo, contextualizaré cada teoría de acuerdo al período histórico de su
autor.
Racionalismo
de René Descartes.
Así
pues, Descartes fungió como un filósofo idealista y racionalista. Es decir,
partió del sujeto para el estudio de la teoría del conocimiento. Asimismo,
pregonó que los saberes eran susceptibles de alcanzarse mediante un proceso
metódico que tenía lugar en la mente humana. A partir de un ejercicio básico de
"duda" proporcionó a la humanidad la herramienta indispensable para
la producción de conocimiento. Una posición reflexiva ante cualquier
información adquirida nos brinda la posibilidad de contrastar, evaluar y
deducir, conllevando a la generación de pensamientos. Estos últimos reflejaban
la prueba irrefutable del ser humano (pienso luego existo). Por otro lado,
Descartes adoptó una posición epistemológica racional, esto es, que la fuente
principal del conocimiento humano reside en la razón y no en los sentidos. De
esta manera, el filósofo francés se fundamentó en la lógica y la matemática
como demostración de la certeza y validez que suministraba la razón humana.
Como conclusión obtenemos que Descartes contesta la pregunta de la existencia
del conocimiento a través de su duda metódica como proceso de raciocinio que le
permite al sujeto aprehender la información que le proporciona la realidad.
René
Descartes nace durante el S. XVI, caracterizado por el inicio del
"renacimiento", etapa de la historia donde se produjo un desarrollo
sin precedentes en la ciencia, el arte, la filosofía y la literatura. El filósofo
y matemático fungió como precursor y artífice de la ola renacentista, un tiempo
de cambio y de liberación mental.
Empirismo
de John Locke.
Este
pensador inglés aportó en gran medida a la evolución de la epistemología, toda
vez que, pese a ser coetáneo a Descartes, planteó una teoría en contraposición
al racionalismo. Para Locke, el conocimiento era producto de la experiencia
sensible, esto significa, que nuestros sentidos son las únicas vías adecuadas
para la adquisición de saberes. No existe para este filósofo inglés algún
conocimiento a priori que se obtenga mediante la razón, por el contrario, la
conciencia consigue la información exclusivamente por conducto de la praxis.
Son los hechos, por lo tanto, quienes proveen al ser humano de conocimiento
permanentemente, materializando el proceso de aprendizaje. Esta teoría se
relaciona estrechamente con las ciencias naturales, puesto que la observación y
experimentación son los medios para el estudio de los fenómenos de la
naturaleza. Locke concluye que el pensamiento y la razón se dedican
exclusivamente a estructurar y organizar los datos procedentes del exterior,
sin actuar como verdaderos generadores del conocimiento.
Al
igual que Descartes, este político y filósofo hizo su aparición en la época
renacentista, construyendo las bases de la ilustración y póstuma revolución
social e intelectual en el occidente. Como erudito británico, influyó en las
ideas de pensadores europeos que le sucedieron, en particular a los
liberalistas económicos y los enciclopedistas franceses.
Apriorismo
de Immanuel Kant.
El
filósofo prusiano, de origen alemán, fue el promotor de la unificación de las
dos teorías antes explicadas: el racionalismo y el empirismo. Kant dispuso que
en la mente humana se encuentran unas formas sin contenido, producto de
información a priori que provee el raciocinio. Para ocupar y constituir el
conocimiento es indispensable que los sentidos le transmitan al pensamiento
humano los datos suficientes para concretizar aquellas formas vacías. Este
vínculo entre la razón y la experiencia da por terminado el debate sobre origen
del epísteme, dando inicio a la edad
contemporánea. Además, dentro de este proceso de aprendizaje, Kant introduce
dos tipos de formas: unas de la intuición y otras del pensamiento. En las
primeras, se arguye que la conciencia organiza los saberes a priori en espacio
y tiempo, sin conocer realmente las características de éstas. En un segundo
momento, las categorías del pensamiento, divididas en cantidad, cualidad,
relación y modalidad, son necesarias para entrelazar y dar sentido, por medio
de juicios, al conocimiento suministrado por la experiencia posible de la
realidad. Igualmente, éste pensador es partidario del idealismo y considera que
las cualidades de la materia se bifurcan en la aprehensión que realiza el
sujeto, ya que éste último está facultado exclusivamente para construir un
conocimiento correlacionado con la información a priori (fenómeno) sin llegar a
conocer con certeza las propiedades del objeto (noúmeno), solo con cierto grado
de posibilidad.
Finalmente,
la filosofía de Immanuel Kant marca un hito en la historia, ya que influenció y
sigue influenciando, a los estudiosos de la epistemología, debido a sus aportes
en distintas áreas del conocimiento. Representante sublime de la ilustración,
época de las luces que puso fin a un retardatario medioevo.
Como
conclusión al objetivo planteado, me acojo a los postulados del apriorismo como
respuesta a la fuente del conocimiento. La vida diaria nos prueba con
frecuencia que la razón o la experiencia no trabajan unilateralmente en el
transcurso del proceso de aprendizaje. Una labor mancomunada de ambos
posibilita explicar con claridad cómo funciona la mente humana, en especial, la
neocorteza o neocórtex, ubicada en el lóbulo prefrontal, que se encarga de
dirigir las capacidades cognitivas del hombre tomando como base, en un
principio, los instintos y otros conocimientos elementales y, en una segunda
etapa, la información que recepcionan nuestros sentidos para dar una orden al
resto del cuerpo. El pensamiento constituye de esta guisa un instrumento
cognitivo que descifra e interpreta los fenómenos sociales y naturales de la
realidad con el fin de engendrar conocimiento susceptible de ser comunicado
intersubjetivamente. Por tal motivo, reputo el apriorismo de Kant como la
explicación justa de la procedencia del conocimiento.
Bibliografía
FLORIÁN,
Víctor. Diccionario de filosofía. Panamericana Editorial, Bogotá, 2002.
RAMÍREZ,
Augusto V. La teoría del conocimiento en investigación científica: una visión
actual. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú, 2009.