viernes, 13 de mayo de 2016

CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA DE IMMANUEL KANT

1. Identificar el valor del sujeto y el objeto dentro de la teoría.


La teoría apriorista propuesta por Kant ubica al sujeto y al objeto en una dinámica constante que permite la constitución del conocimiento a partir del complemento de sus funciones. De este modo, el filósofo alemán propone que la mente del sujeto, quien detenta la facultad del raciocinio, contiene unas formas lógicas a priori, mientras tanto el objeto proporciona una información caótica que es adquirida a través de los sentidos y posteriormente es estructurada por la razón pura. En otras palabras, el proceso epistemológico de Kant inicia con un fundamento o unas bases racionalistas que son consolidadas con el empirismo derivado del contacto entre nuestros sentidos y la realidad. En pocos términos, el sujeto cognoscente utiliza factores precedentes para otorgarle un significado práctico al objeto cognoscible.

2. Dilucidar si el pensamiento es universal o particular.

Bajo la óptica del erudito en estudio el pensamiento es una actividad particular que pertenece exclusivamente al sujeto como procesador de conocimiento, en especial en el área de la metafísica, definida como el “inventario de todos los conocimientos que poseemos, sistemáticamente ordenados por la razón pura”. En el mismo instante que recepcionamos información de nuestro entorno empieza una actividad loable de la mente humana para organizar, concatenar, descifrar y deducir ideas o representaciones que nos permitan entender lo que ocurre en el mundo exterior y procurar usarlo para el beneficio del individuo. Lo universal es una característica inmanente del objeto cuyo contenido es aprehensible hasta cierto punto, pues resulta imposible alcanzar la identidad entre lo que percibimos y la realidad misma (experiencia posible).

3. Verificar a que corriente de pensamiento pertenece la teoría.

Kant es el estandarte de la teoría que unificó adecuadamente los postulados racionalistas y empiristas, así como el mayor exponente de la escuela que resolvió el dilema entre las corrientes dogmáticas y escépticas del conocimiento humano. En primer lugar, me refiero al ya mencionado apriorismo que pregona por la existencia de conceptos previos que perviven en el intelecto del hombre y conforman unas formas vacías que con posterioridad son llenados por los datos asimilados mediante la experiencia. En segunda instancia, se hace alusión al criticismo como la manera más idónea para explicar la posibilidad de conocer por parte del sujeto cognoscente partiendo de una posición crítica frente a cualquier saber y no una postura sumisa ni apática como lo hicieron el dogmatismo y el escepticismo respectivamente.




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