viernes, 13 de mayo de 2016

¿CUÁL ES LA FUENTE DEL CONOCIMIENTO?

Para responder al interrogante planteado es imprescindible abordar en primer lugar el concepto de conocimiento y la existencia del mismo, para estudiar posteriormente si es posible acceder a este a través de nuestras capacidades intelectivas y finalmente definir el origen o la procedencia del conocimiento. De esta forma, el artículo tiene como objetivo establecer una posición respecto a la verdadera fuente del conocimiento humano.

En este orden de ideas, la palabra “conocimiento” proviene del latín cognoscere y se define como un conjunto de saberes susceptibles de ser aprehendidos, es decir, información que proporciona la realidad o se infiere a través de un ejercicio metódico y que el ser humano está en la posibilidad de adquirirlo. Sin embargo, hay otra acepción de este término, que corresponde al acto o proceso por el cual la mente capta un objeto o lo hace presente. En este sentido, se forma una representación que expresa la realidad de dicho objeto[1]. Por su parte, la pregunta acerca de la existencia del conocimiento solo será contestada cuando hayamos determinado si las partes que intervienen en este proceso interactivo ocupan un lugar en el espacio. En otras palabras, la única manera de resolver este enigma es probar que el sujeto y el objeto, como elementos fundamentales durante el acto de conocer, están presentes en la realidad. La primera etapa fue finiquitada por René Descartes cuando esbozó la expresión cogito, ergo sum, esto es, “pienso luego existo”. Por medio de esta frase, Descartes concluyó que el hecho de que el ser humano pensara y se preguntara por los problemas que lo rodeaban era suficiente para demostrar la existencia del sujeto cognoscente. En cuanto al segundo estadio, el del objeto, se han formado variados debates, no obstante, hay dos posturas de vital importancia: la de Kant, que en “crítica de la razón pura” considera que el objeto es una construcción del sujeto a partir de la experiencia posible; la de Marx y Hegel, quienes parten del monopolio del objeto durante la relación cognoscitiva con el sujeto, apodando esta dinámica como materialismo histórico o dialéctico.

Queda así aclarado la existencia del sujeto y el objeto, siendo necesario ahora establecer si la interacción entre estos tiene lugar o no. Son tres las hipótesis o conjeturas referente a la posibilidad del conocimiento. Inicialmente, hallamos el dogmatismo, corriente que presume, sin protesta alguna, la facultad del hombre para hacer contacto con la realidad. No se cuestiona la relación entre el sujeto y el objeto, llegando al punto de asegurar que nuestra percepción del mundo exterior comparte identidad con las características del mismo. Posición asumida por los pensadores presocráticos. Con ulterioridad, atisbamos en el tiempo un fuerte movimiento escéptico que propugnaba por la imposibilidad del sujeto para aprehender fidedignamente las cualidades del objeto. La mente humana solo recreaba una ilusión debido a las incapacidades físicas del hombre y la naturaleza compleja de la materia. El escepticismo se presenta en varias modalidades, tales como subjetivismo, que abogaba por una verdad con validez limitada dependiente de la esfera personal del sujeto, y el relativismo, que en términos similares defendió el concepto de verdad limitada, pero a partir de factores externos que impedían la aprehensión de la realidad. Por último, está la teoría del criticismo, abanderada por filósofos idealistas como Kant y Descartes, quienes aseguraban que sí es posible alcanzar el conocimiento, no obstante, resulta imprescindible utilizar un método de razonamiento para depurar prejuicios, vulgarismos y demás óbices que vedan al ser humano de obtener una percepción real de las cosas. Se propone entonces, tomar un estado crítico durante el proceso de aprendizaje sin incurrir en una confianza ingenua en aseveraciones infundadas, por el contrario, mantener la duda en todo momento, examinando los datos sin admitir algo despreocupadamente. Se considera el criticismo como la superación de la polémica entre el dogmatismo y el escepticismo.

Ahora bien, respecto a la fuente del conocimiento se han postulado distintas teorías que pretenden dar solución al origen del epísteme. Por consiguiente, describiré las tres tesis que han sido las imperantes en la filosofía en aras de escoger una postura que satisfaga el objetivo del artículo. En primer lugar, encontramos el racionalismo de René Descartes, posteriormente, el empirismo de John Locke y finalmente el apriorismo adoptado por Kant. Del mismo modo, contextualizaré cada teoría de acuerdo al período histórico de su autor.

Racionalismo de René Descartes.

Así pues, Descartes fungió como un filósofo idealista y racionalista. Es decir, partió del sujeto para el estudio de la teoría del conocimiento. Asimismo, pregonó que los saberes eran susceptibles de alcanzarse mediante un proceso metódico que tenía lugar en la mente humana. A partir de un ejercicio básico de "duda" proporcionó a la humanidad la herramienta indispensable para la producción de conocimiento. Una posición reflexiva ante cualquier información adquirida nos brinda la posibilidad de contrastar, evaluar y deducir, conllevando a la generación de pensamientos. Estos últimos reflejaban la prueba irrefutable del ser humano (pienso luego existo). Por otro lado, Descartes adoptó una posición epistemológica racional, esto es, que la fuente principal del conocimiento humano reside en la razón y no en los sentidos. De esta manera, el filósofo francés se fundamentó en la lógica y la matemática como demostración de la certeza y validez que suministraba la razón humana. Como conclusión obtenemos que Descartes contesta la pregunta de la existencia del conocimiento a través de su duda metódica como proceso de raciocinio que le permite al sujeto aprehender la información que le proporciona la realidad.

René Descartes nace durante el S. XVI, caracterizado por el inicio del "renacimiento", etapa de la historia donde se produjo un desarrollo sin precedentes en la ciencia, el arte, la filosofía y la literatura. El filósofo y matemático fungió como precursor y artífice de la ola renacentista, un tiempo de cambio y de liberación mental.

Empirismo de John Locke.

Este pensador inglés aportó en gran medida a la evolución de la epistemología, toda vez que, pese a ser coetáneo a Descartes, planteó una teoría en contraposición al racionalismo. Para Locke, el conocimiento era producto de la experiencia sensible, esto significa, que nuestros sentidos son las únicas vías adecuadas para la adquisición de saberes. No existe para este filósofo inglés algún conocimiento a priori que se obtenga mediante la razón, por el contrario, la conciencia consigue la información exclusivamente por conducto de la praxis. Son los hechos, por lo tanto, quienes proveen al ser humano de conocimiento permanentemente, materializando el proceso de aprendizaje. Esta teoría se relaciona estrechamente con las ciencias naturales, puesto que la observación y experimentación son los medios para el estudio de los fenómenos de la naturaleza. Locke concluye que el pensamiento y la razón se dedican exclusivamente a estructurar y organizar los datos procedentes del exterior, sin actuar como verdaderos generadores del conocimiento.

Al igual que Descartes, este político y filósofo hizo su aparición en la época renacentista, construyendo las bases de la ilustración y póstuma revolución social e intelectual en el occidente. Como erudito británico, influyó en las ideas de pensadores europeos que le sucedieron, en particular a los liberalistas económicos y los enciclopedistas franceses.

Apriorismo de Immanuel Kant.

El filósofo prusiano, de origen alemán, fue el promotor de la unificación de las dos teorías antes explicadas: el racionalismo y el empirismo. Kant dispuso que en la mente humana se encuentran unas formas sin contenido, producto de información a priori que provee el raciocinio. Para ocupar y constituir el conocimiento es indispensable que los sentidos le transmitan al pensamiento humano los datos suficientes para concretizar aquellas formas vacías. Este vínculo entre la razón y la experiencia da por terminado el debate sobre origen del epísteme, dando inicio a la edad contemporánea. Además, dentro de este proceso de aprendizaje, Kant introduce dos tipos de formas: unas de la intuición y otras del pensamiento. En las primeras, se arguye que la conciencia organiza los saberes a priori en espacio y tiempo, sin conocer realmente las características de éstas. En un segundo momento, las categorías del pensamiento, divididas en cantidad, cualidad, relación y modalidad, son necesarias para entrelazar y dar sentido, por medio de juicios, al conocimiento suministrado por la experiencia posible de la realidad. Igualmente, éste pensador es partidario del idealismo y considera que las cualidades de la materia se bifurcan en la aprehensión que realiza el sujeto, ya que éste último está facultado exclusivamente para construir un conocimiento correlacionado con la información a priori (fenómeno) sin llegar a conocer con certeza las propiedades del objeto (noúmeno), solo con cierto grado de posibilidad.

Finalmente, la filosofía de Immanuel Kant marca un hito en la historia, ya que influenció y sigue influenciando, a los estudiosos de la epistemología, debido a sus aportes en distintas áreas del conocimiento. Representante sublime de la ilustración, época de las luces que puso fin a un retardatario medioevo.  

Como conclusión al objetivo planteado, me acojo a los postulados del apriorismo como respuesta a la fuente del conocimiento. La vida diaria nos prueba con frecuencia que la razón o la experiencia no trabajan unilateralmente en el transcurso del proceso de aprendizaje. Una labor mancomunada de ambos posibilita explicar con claridad cómo funciona la mente humana, en especial, la neocorteza o neocórtex, ubicada en el lóbulo prefrontal, que se encarga de dirigir las capacidades cognitivas del hombre tomando como base, en un principio, los instintos y otros conocimientos elementales y, en una segunda etapa, la información que recepcionan nuestros sentidos para dar una orden al resto del cuerpo. El pensamiento constituye de esta guisa un instrumento cognitivo que descifra e interpreta los fenómenos sociales y naturales de la realidad con el fin de engendrar conocimiento susceptible de ser comunicado intersubjetivamente. Por tal motivo, reputo el apriorismo de Kant como la explicación justa de la procedencia del conocimiento.

Bibliografía

FLORIÁN, Víctor. Diccionario de filosofía. Panamericana Editorial, Bogotá, 2002.
RAMÍREZ, Augusto V. La teoría del conocimiento en investigación científica: una visión actual. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú, 2009.
SEPÚLVEDA TORRES, Enrique. Teoría del conocimiento. Consultado el 12 de abril de 2016. Tomado de: http://esepulveda.cl.tripod.com/teoria_del_conocimiento.htm.
HESSEN, Johannes. La teoría del conocimiento. Editorial Espasa-Calpe. Consultado del 12 de abril de 2016. Tomado de:  http://datateca.unad.edu.co/contenidos/407001/UNIDADES/Hessen_Johannes_-_Teoria_Del_Conocimiento.pdf.




[1] FLORIÁN VICTOR. Diccionario de filosofía. Panamericana Editorial, Bogotá, 2002. 

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